Sunday, January 28, 2018

SOBRE NUESTROS INICIOS


RECORDAR ES VOLVER A VIVIR…

Por Arnaldo Calvo Buides

Mi hermano Nibaldo y yo teníamos unos 10 años cuando Eddy, un amigo de la escuela primaria Tamara Bunke, de nuestro natal Jagüey Grande (Matanzas, Cuba), cierta vez en su casa nos ¨enseñó¨  a jugar ajedrez.

En apenas un ratito nos indicó el movimiento de las piezas, y nos explicó que si el rey era amenazado por alguna pieza contraria (estaba en jaque), uno perdía la partida.  

 Esa fue su enseñanza. A su manera, con imperfecciones. Desconocía todo lo relacionado con los modos de defensa ante el jaque, y mucho menos comprendía el jaque mate. 

 Después de aquel día con Eddy, nunca más volvimos a jugar, no tuvimos algún otro acercamiento al llamado juego ciencia...hasta unos 6 años después.

Nuestro hermano mayor, Benito, vivía en La Habana e iba a Jagüey Grande algunos fines de semanas y solía jugar ajedrez en la sala de la casa con nuestro primo Alexis Baró.

Al principio, ni nos deteníamos a  mirar cómo jugaban. No nos interesaba. Pero, de tantas veces verlos ahí sentados ante el tablero, durante varios fines de semanas, de un momento a otro quisimos aprender. Esta vez lo mejor posible.
  
Alexis Baró
Ellos nos enseñaron lo más básico, incluido el jaque mate. Y Baró nos recomendó al actual Maestro Nacional Noel Martínez, y a José Veulens, jugador de primera categoría y destacado ajedrecista postal.

Visitamos a Noel, quien también aportó su granito en nuestra formación. Ante nuestro interés en jugar ajedrez por correspondencia, lo cual nos sirvió muchísimo en nuestros inicios, nos sugirió que viéramos a Veulens.

Nibaldo  recuerda que cuando fuimos por primera vez a la casa de Veulens, quien abrió la puerta fue Cuca, la mamá de la China, esposa de Veulens.

¨Yo pregunté si allí vivía "Boulen", porque me parece que existía en Cuba algún deportista con ese apellido. Pero Cuca nos dijo que era Veulens, no Boulen.

¨Y bueno, con Veulens fue que subimos de nivel, porque aprendimos a estudiar ajedrez, horas y horas. Y con su colección de revistas Radio Rebelde y Jaque Mate estudiábamos cantidad.¨
                                           Veulens y Arnaldo (De izquierda a derecha)

Además, mediante nuestra vasta colección de la revista El deporte en la URSS, que tenía una sección de problemas de ajedrez, empezamos a resolver los de jaque mate en 2 jugadas, y también sirvió de mucho en la parte táctica.

Ah!, en esa etapa jugábamos muchísimas partidas con Baró, con quien  al principio perdíamos muy fácil; pero paulatinamente comenzamos a subir de nivel y primero él pasaba trabajo para ganarnos, y después le ganábamos. ¿Los alumnos superaron al maestro?

Recordar es volver a vivir…




 





Sunday, July 2, 2017

RELIGIÓN VS AJEDREZ


 




Por Arnaldo Calvo Buides
Había un niño de sexto básico que no asistía a mis clases durante los años 2007-2013, en que laboré como profesor de ajedrez en la escuela primaria Juan Lefont Alonso, en mi natal Jagüey Grande (Matanzas, Cuba).
Formaba parte del Convenio entre el Instituto Nacional de Deportes y el Ministerio de Educación, mediante el cual se implementó el ajedrez como asignatura básica en estos recintos.
Yo desconocía los motivos de las inasistencias reiteradas de aquel alumno, quien a diferencia de los otros, acudía al colegio sin pañoleta, prenda escolar de uso obligatorio.
Al informarle a la directora sobre las ausencias, ésta de inmediato citó a los padres, quienes se personaron para exponer las razones por la cual su hijo no iba a mis clases.
¨. Mi hijo no puede jugar ajedrez porque es un juego que los prepara para la guerra, y nosotros somos Testigos de Jehová, somos pacíficos, estamos esperando la llegada de Jesús…¨
Ante tal argumento, la directora me pidió que como especialista en la materia, les expusiera el motivo del ajedrez en las escuelas, ante lo cual les comenté que favorece en la atención, concentración, análisis…todo lo cual redunda en un mayor rendimiento académico.
 Pero no fue suficiente. Seguían con la idea de que jugar ajedrez prepara a sus practicantes para la guerra.  
Aunque si  bien es cierto que este juego constituye un combate ficticio entre 2 ejércitos, la gran idea de masificarlo en los colegios fue por todos los beneficios que aporta en el área intelectual, y no precisamente para preparar a los niños para alguna guerra propiamente dicho.
Después supe que al ser Testigo de Jehová, aquel niño no podía usar pañoleta, ni saludar la bandera.
Y siguió sin asistir a mis clases. Yo lo dejé por incorregible, nunca más informé sobre sus inasistencias, porque me di cuenta de que no tenía remedio.